La cal como material

La cal es, junto con el yeso y el cemento uno de los conglomerantes más usados en la construcción.

Se denominan conglomerantes aquellos materiales que tienen la capacidad de unir químicamente fragmentos de una o varias substancias entre sí, dando como resultado una pasta cohesiva llamada argamasa o mortero.

Hace miles de años que el hombre emplea la cal, descubierto probablemente de forma casual, para la construcción. Hoy en día su uso en la construcción se sitúa en torno al 20%, aunque se concentra prioritariamente en la rehabilitación y la restauración para la conservación del patrimonio arquitectónico. Es por ello que se hace necesario conocer sus orígenes y su evolución para poder realizar intervenciones utilizando la cal con criterio.

La cal se encuentra en la naturaleza en forma de piedra caliza, que contiene principalmente carbonato cálcico Co3Ca, lo que llamamos comúnmente cal, y pequeñas proporciones de otros compuestos químicos que se consideran impurezas. Entre éstas encontramos, habitualmente, arcillas compuestas principalmente por óxido de sílice SiO2 y óxido de aluminio o alúmina AlO3.

La piedra caliza se calcina para, posteriormente, ser hidratada y apta para su uso como conglomerante el cual, al carbonatarse, recupera la solidez de la piedra original. Este proceso, el denominado ciclo de la cal, explica el proceso químico mediante el cual se trata este material para obtener el producto final apto para la construcción.

Existen diferentes tipos de cal, tanto por su composición como por su presentación o propiedades, que reciben diferentes denominaciones establecidas mediante normativas.

El proceso de fabricación según los tipos de cal es diferente, y ha evolucionado considerablemente a lo largo de la historia, dando lugar a las múltiples aplicaciones que ésta tiene en el ámbito constructivo: desde las técnicas más tradicionales a las más innovadoras.